sábado 4 de julio de 2009

Vacas

El viernes pasado S. había preparado este platito. Me lo encontré en el frigorífico al abrirlo a mi vuelta del trabajo, último día antes de las vacacionessssssss. Tras una semana por tierras valencianas, y buceando por los mares del sur desembarcamos ayer en Madrid. Mañana a Lisboa.

jueves 25 de junio de 2009

Un puente de palabras

Nuria Ruiz De Viñaspre hace que los versos se encadenen, se transformen, se empujen, giren en un rapto acuático sobre líquidos que convergen. La realidad se afila, se vuelca, se transforma en ritmo de páginas que enlazan sus latidos transparentes. Y más allá: el símbolo, el espacio, el sollozar continuo de la revelación que se vuelve melodía de voces superpuestas. El pez. El pez místico. Su gemir, su crucificarse. Su subir por las escaleras de caracol buscando reintegrarse, reconvertirse en símbolo de vida. Incluso cuando se secciona, cuando es un cadáver de escamas brillantes. Incluso cuando nos muestra su camino invisible en la llanura acuática. Llanura de la página, de la página en blanco donde se vuelve brillante sollozar de escamas. Deslumbramiento de lo que se desvela, nos deslumbra, nos desmembra en su continuo perseguirnos. Porque el pez místico nos reverbera en los sueños. Verán que su poder, su fascinación, nace en las resonancias subterráneas que despierta en nuestra mente. Mundo subacuático de la conciencia derrumbada. Poesía no surrealista, no irracional, sino profundamente, abisalmente, simbólica.
Para mí ha sido un placer encontrarme con el magnífico libro de de Nuria. Y es un placer estar hoy aquí contribuyendo con estas pequeñas, rápidas, palabras, que al hilo de los poemas intentan tirar un anzuelo, como en esos koans donde se capturan, detienen los pensamientos. Mi consejo: que se adentren, que se dejen deslumbrar, que permitan que estas palabras, las de los poemas que van a oír, se conviertan en ondas agrandándose en sus mentes, en sus corazones, para dejar que se calen, que se inunden, con el secreto nadar de este pez. Pez místico que persigue y es perseguido por Nuria Ruiz de Viñaspre.


Óscar Martín Centeno

*Gracias

miércoles 24 de junio de 2009

Ich habe genug

Cuántas veces escuchada... Una de sus más conmovedoras, violentas y teatrales...



Ich habe genug,
Ich habe den Heiland, das Hoffen der Frommen,
Auf meine begierigen Arme genommen;
Ich habe genug!

Ich hab' ihn erblickt,
Mein Glaube hat Jesum ans Herze gedrückt;
Nun wünsch' ich, noch heute mit Freuden
Von hinnen zu scheiden.
Ich habe genug!

Traducción

Ya tengo bastante,
tengo a mi Salvador, la esperanza de los piadosos,
envuelto entre mis anhelantes brazos.
¡Ya tengo bastante!

Hacia Él he dirigido mi mirada,
mi fe ha traído a Jesús sobre mi corazón,
por eso, aún hoy, con alegría
me despediría de este lugar.
¡Ya tengo bastante!

lunes 22 de junio de 2009

Más... fotos de Neil Roberts














* Fotos de Neil Roberts

Las palabras de Óscar



Alguno de los poemas que se leyeron...

sábado 20 de junio de 2009

La presentación del pez místico

Personalmente ayer la presentación fue todo un éxito. Estuve feliz y tranquila, algo raro en mí, lo digo por lo de tranquila. En fin, que fue un maridaje perfecto de voces en nombres de Óscar y Marta, voces fantásticas y profundas que agradezco desde ya. Es cierto que me faltaron rostros, estas ausencias están todas más que permitidas, porque son ausencias totalmentes normales.

Fueron muchas las personas que me felicitaron por el texto de la presentación (sorpresa mía pues lo escribí en dos ratos), sin decir lo bien que hablaron de esas voces antiguas. Así que decido subir a esta altura todas esas palabras que ayer se me fueron deslizando de la boca, con tgoda naturalidad. Puede que escrito se haga algo largo, pero lo subo para todo aquel interesado en este texto. La lástima fue que la Casa del Libro tenía en la sala un proyector y hubiera sido fantástico proyectar la escena de la película Lluvia negra que dio origen a este pez.

La presentación
Siempre he conocido mis límites. Dentro de dos meses cumplo 40 años y es ahora cuando asimilo que a veces son poco práctica en determinados campos de la vida, pero con esa misma certeza asimilo que escribir es lo mío, independientemente de que guste o no guste. Para mí escribir es una actitud, una continuidad, un continua ocupación. Escribo y cuando no escribo estoy pensando que escribo.

VOZ MARTA
Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía. Y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que me veo escribir que escribo.


Después de este obsesivo galimatías del ensayista mexicano Salvador Elizondo, que, aunque parezca mentira, define para mí otra obsesión, la obsesión de escribir, os diré que empecé a escribir este libro hace algún tiempo, pero la verdad es que ha sido testigo vivo de eliminaciones, ampliaciones, incorporaciones, casi hasta el último envío definitivo a Trinidad… Ella lo sabe bien cuando iniciaba mis cartas con un “…si aún estamos a tiempo… ¿podría cambiar…?” Por eso creo que los libros nunca se concluyen, sencillamente se abandonan, o más exactamente, ellos te abandonan a ti.

En los últimos meses a ese abandono, El pez místico fue eso, mi obsesión. Es cierto que sufrió movimientos numerarios, era más una cuestión matemática, el lugar exacto donde iba a dormir cada cual, pero tras una labor de ordenación territorial, geográfica, marina, de tipos de agua, lo recoloqué todo, con cuidado pero sin fuerza, todos sabemos que en el agua cualquier movimiento es natural. Eso sí, una vez comenzado el trabajo, sacar todo lo que había de pez en mí fue relativamente sencillo, ya que unos se encadenaban a otros, como ese pez que muerde la cola de otro pez que muerde la cola de otro que muerde la de otro y así hasta que me abandonaron colas y peces. Pero he de decir, que en aquel intervalo, en aquella época de tribulaciones, tanto el título como su estructura se me revelaron casi de un modo salvaje y nunca fui capaz de reeducarlo.

En esta artesanía poética, en este lugar donde todo sucede, concluyo que exceptuando algún caso particular que lo requiere, cada vez son más breves mis poemas: pequeños fogonazos para quien anduvo perdida en lo extraño…

El libro
En cuanto al libro propiamente dicho, he trabajado en este libro desde la víscera, abierta, lo he escrito con el corazón, igualmente abierto. Obsesivamente. Sin descanso. Siempre vigilante desde la altura de la mesa, acechando cualquier movimiento de esos peces imaginarios que cada vez iban tomando más forma en mi cabeza. Siempre expectante ante cualquier apertura de su hermética condición. Ante cualquier salto.


VOZ MARTA
A veces, los veía moverse por la casa. Saltando por los aires. Escurrirse a oscuras por mi sexo. Trepando por mi cuerpo. Saltando hacia otro cuerpo, el de al lado, como el parásito salta de un amante a otro, por el aire. Los he visto saltar de su pecera. Morder el anzuelo. Jugar con el gato anciano, dichosos a veces entre sus garras y otras desahuciados por el zarpazo de esas mismas patas gatunas.
A veces, se ahogaban en un fregadero lleno de cuchillos con restos de comida, atascando con sus diseccionadas cabezas un desagüe de bañeras. Otras, eran olor a carne recién guisada en la casa ardiendo del vecino y por tanto, indolentes en ese mundo ardido. Hubo también muchas veces que los saqué a la calle y me devolvieron la imagen de una anciana que ofrecía la vida de estos escuálos al pellizco de unos gatos. O por el contrario, no conseguían respirar dentro de la bolsa y esa vez me contaban su historia reencarnados en un gato aplastado en la calzada, pero eso sí, con el estómago lleno de peces. Volví a meterlos a casa. Pero ellos volvían una y otra vez a escurrirse por mis balcones escotados, echándose de nuevo a las calles. Allí, los vi fornicando con los peatones que ajenos a toda muerte, sencillamente se dejaban llevar, deslavazados, en algún vagón de metro cuando ausentes sujetaban otro libro de peces muertos mientras estos barbados limpiamundos los violaban. Muerte y vida. También hubo instantes donde eran símbolo de resurrección. Mientras, al otro lado de la orilla, al otro lado de la acera, en el arcén de alguna ciudad menospreciada, un humano extiende su red de muerte e intenta cazar una y otra vez un ejemplar de esta especie, dominado, eso sí, por ese instinto innato que le grita “cazar por placer”. Hacer de él su presa para eso, poder moverse por la casa, trepar por los sexos, saltar a otros cuerpos, jugar con los gatos, ser alimento para ellos… dejarse atrapar una y otra vez en esa red, pero siempre, siempre sobreviviendo a toda muerte. El elixir de la vida, la inmortalidad. Las siete vidas que tiene un gato, las siete vidas que por ser su alimento, el gato le debe al pez.


Par mí El pez místico es un libro de agua. Y el agua es salvación. Es la esperanza de agua para este mundo ardido. Nuestro correlativo más humano. Lo terrible de todo esto fue que hubo que sacrificar la carne de estos peces para apagar el fuego de todas nuestras casas ardiendo. A pesar de ello, en este libro pienso que he sido una intermediaria, la terciaria, como creo que al final es todo escritor. La mano sólo ha sido el arma horizontal que ha disparado esta especie de pseudo-magia, escribiendo lo que mis órganos me iban dictando. He verbalizado, he intentado con estas letras vertebrales, óseas, y llenas de palabras-daga, diseccionar por dentro el cuerpo del pez, describiendo las membranas de sus ideas con mis pensamientos más humanos.

El título
En cuanto al título del libro, la idea primigenia, la idea original del título, puede que partiera de una de esas escenas de película: Lluvia Negra de Imamura, también la música de esa película, de Takemitsu puede ayudara en esta creación. Pero a pesar de ser disparadero de sólo eso, un título, finalmente fue otro pez místico el que nadó en estas aguas, imponiéndose, y que nada tenía que ver con aquél que se educó en su origen y que sólo me reveló eso, el título. Inmodificable, eso sí, quizá porque los títulos empujan y empujan y no consienten ser vencidos, por lo menos en mi caso. A veces pienso que son ellos los que me eligen a mí, igual que los libros, son ellos los que nos escriben y ellos por tanto los que nos abandonan. El título se reveló así bastante pronto, y a pesar de sufrir varias sustituciones, a veces realizadas por despecho, como en una especie de un tira y afloja con mi propio lenguaje, finalmente, el inicial, el original, el primigenio, este pez místico que veis aquí, acabó imponiéndose con tanta fuerza que terminó atropellando cualquier otra iniciativa de mis manos.


VOZ OSCAR
Lluvia negra son las partículas radiactivas que hicieron imposible la vida para millones de personas como consecuencia de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Una capa de ceniza blanca cubriendo el epicentro de las pieles de las personas. Un océano blanco que enterraba las escamas quemadas de todos esos peces, nuestros inesperados vencidos.



Mucho más tarde ocurrió algo mágico. Una vez concluido el libro, me topé con una cita de Pablo Neruda que por supuesto me obligué a incluir, ya que desgajaba y despedazaba todo misterio impuesto por mis manos.

VOZ OSCAR
Mi bandera es azul y tiene un pez horizontal que encierra o desencierra dos círculos armilares. En invierno, con mucho viento y nadie por los andurriales, me gusta oír mi bandera restallando y el pescado nadando en el cielo como si viviera. Me preguntan: ¿es un pez místico? –sí, les digo, es el simbólico ictiomín, el prescriptesense, el cisternario, el lucicrático...!– allá arriba en lo más alto del invierno, se debate la bandera con su pez en el aire temblando de frío, de viento,
de cielo

VOZ OSCAR
El pez místico para Nuria Ruiz de Viñaspre es el jeroglífico de la piedra filosofal en su estado puro. A veces es su propio pez el que nace en el agua metafísica y vive en ella a pesar de sobrellevar metamorfosis a merced de sus manos. Liofiliza su cuerpo separándolo de su sustancia original. Muerte y renacimiento. Es un pez misterioso, nitrogenado. Un pez sin huesos, una iconografía cristiana. El humano quiere una y otra vez pescar simbólicamente este pez dejando estéril ese trozo de agua para adueñarse de su lado más abstracto, de esa iconografía. Insiste en sacarlo de su medio, pero una vez en sus manos le desconcierta ese lado terrenal que tanto le acerca al desierto en el que se ha convertido la Tierra. Este pequeño pez en el ancho mar es al fin alcanzable gracias a sus múltiples muertes. Un pez filosófico convertido en un pescado. Un pez metido en un traje. - Texto de solapa por Sonia Andrés


Nuria Ruiz de Viñaspre

*las fotos son de mi pequeña masai, siempre testigo de todo. S.

Subiré otras fotos

Gracias a todos y a Raúl (mi querido gestor y escaparatista de la Casa del libro) por haber disfrazado durante unos días su escaparate de pecera. Gracias